Un golpe mortal para el algodón peruano - por Luis Gamarra Otero | Enterarse

Un golpe mortal para el algodón peruano - por Luis Gamarra Otero

2019/12/20 09:00

Por: Luis Gamarra Otero

Columnista

Reuters

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Los parlamentarios que en noviembre del 2011 discutieron en el Congreso el tema de la prohibición de los cultivos transgénicos, no tenían la menor idea sobre lo que estaban legislando ni de sus consecuencias.

Aprobaron prohibirlos sin saber explicar qué daño podría sufrir quien se vistiera con una camisa de algodón transgénico o cuál era la diferencia con otra tejida con algodón tradicional. Ni siquiera valoraron la realidad que dichos cultivos ocupaban ya para esa fecha: 25 millones de hectáreas, cerca del 82% de la superficie algodonera mundial, que además eran sembradas por más de 15 millones de agricultores, y que miles de millones de seres humanos visten diariamente telas fabricadas con ellos. Nada de eso les importó. La consigna era acoplarse a los dictados de las ONGs especializadas en la industria de la protesta, para ganarse la simpatía de los aparatos mediáticos de estos organismos. Hay que decir, además, que la presión venía también del propio Poder Ejecutivo que quería estar a la “moda” y de los medios de prensa que le hacen eco a estas
ONGs.

Ante la evidencia abrumadora del éxito de los algodones transgénicos, los más audaces ensayaron la tesis de que era necesario prohibirlos para salvaguardar la biodiversidad del país, sin reparar que el algodón se cultiva mayormente en la costa peruana, donde no existen variedades silvestres posibles de contaminar y que los algodones que sembramos en Perú, el Tangüis y el Pima, son también transgénicos naturales (son producto del cruce de genes entre especies), de origen foráneo, con más de un siglo de su introducción en el país, sin que se haya tenido noticias de invasión genética alguna y sin que los detractores ambientalistas hayan mostrado preocupación por ello.

De esta manera, mediante una ley, vetaron la siembra en el país de los cultivos transgénicos y entre ellos el del algodonero, puntal histórico de la economía nacional y gran generador de divisas. De paso, le dieron un golpe mortal a nuestra industria textil, justo cuando por esos días se había publicado el Tratado de Libre Comercio con la China. Se lanzaba así al ruedo a una pujante industria generadora de 500,000 puestos de trabajo, sin posibilidades de competir con quienes, en otros países, disponían de algodones de mayor rendimiento, de mejor calidad y producidos a menores costos.

En resumen la Ley promulgada, que parecía dictada ex profeso por nuestros competidores, consistía en que los peruanos podemos vestirnos con ropa de algodón transgénico importado, pero no podemos producirlo en el país durante los próximos 10 años y, como van las cosas, lo más probable es que al vencerse este plazo se renueve la prohibición.

Por razones geográficas, el Perú nunca tuvo una gran área algodonera, pero en rendimientos unitarios y calidad de fibra destacábamos mundialmente. Los algodones peruanos gozaron de sobreprecio por ello, pero esa ventaja se venía acortando ante el avance tecnológico de nuevas variedades. Hace 55 años se dio la voz de alarma sobre esta situación y en la Sociedad Nacional Agraria se creó una Fundación, cuyo objetivo era buscar los reemplazos de nuestros antiguos algodones. Se contrataron los mejores técnicos y se buscó asesoría en los principales institutos genéticos del mundo. Lamentablemente, cayó la revolución de Velasco y todo este trabajo se fue al canasto. Desde allí seguimos el camino con los ojos vendados.

Después, viene el avance imparable de los algodones transgénicos. En 7 años la India, pasó de 20 mil a 12 millones de hectáreas (88% de su área algodonera ya es transgénica), con una reducción en el uso de pesticidas del 40% y doblando los rendimientos por hectárea. En dicho país 13 compañías productoras de semillas han generado 35 variedades propias.

En el año 2008 se inicia este cultivo en la China y en 10 años ya tienen más de 4 millones de hectáreas con mejores rendimientos y a menor costo. Australia y Sudáfrica se han incorporado a esta nueva tecnología. Pakistán se ha sumado recientemente con 2.5 millones de hectáreas.

En América, la superficie con algodones transgénicos ha seguido igual camino. En los Estados Unidos, ocupan al 96% de toda su área algodonera con más de 4 millones de hectáreas. En México el 96% de su área algodonera es de transgénicos, reduciendo el costo y la contaminación producida, cuando tenían la necesidad de hacer hasta 20 aplicaciones de insecticidas por campaña. En la Argentina el 88% de su producción de algodón es transgénica, con una reducción el 81.7% en el uso de insecticidas y un mayor rendimiento de US$ 366 por hectárea. En Brasil, el 66% de su área algodonera está sembrada con 4 variedades de transgénicos creadas por científicos brasileños. En Colombia, Costa Rica y Paraguay, gran parte de sus algodones ya son transgénicos.

Mientras eso sucede, aquí en el Perú, que en el año de 1960 sembrábamos 260,000 hectáreas, hoy nos hemos reducido a la décima parte. Hemos firmado un tratado abierto para comercializar textiles en los EEUU, pero este convenio solo permite el ingreso a su mercado de confecciones hechas con algodones del país de origen o de los EEUU y, por lo tanto, nuestra hilanderías ni siquiera pueden comprar los algodones de menor precio producidos por nuestros vecinos.

Mientras que irresponsablemente nos auto aislamos, la ciencia mundial continúa avanzando, de lo que seremos simples observadores desde un balcón. Ya vienen los algodones inencogibles e inarrugables y se está trabajando para incorporar el gen de “índigo”, de coloración azul, para el mercado de los jeans. Todo esto lo veremos desfilar frente a nosotros sin poder ingresar a la fiesta, porque despreciamos la invitación.

Por: Luis Gamarra Otero

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