¿Más extremismo? ¡Qué va! - por Renán Ortega | Enterarse

¿Más extremismo? ¡Qué va! - por Renán Ortega

2020/01/27 09:00

Por: Renán Ortega Olivera

Columnista

Izquierda: Antauro Humala; Derecha: Frepap - REUTERS/Mariana Bazo

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Por ahí, en redes, se veía a varios analistas políticos intentar predecir el futuro e interpretar lo que la gente quería. Los peruanos no quieren más extremismos, decían. Que la gente ahora busca a los que son moderados, nada de radicales. Esos que hablan de radicalismos son, pues, unos loquitos conspiranoicos. ¡Abajo el aprofujimontesineoliberalismoempresarial! Cuando escucho o leo que dicen que los peruanos no quieren extremismos, me pregunto qué tan alejados de la realidad estamos.

Somos un país en el que se ve, constantemente, que la gente pide que se expulse a los extranjeros. Somos un país en el que pedimos que se cierre el Congreso y que celebra cuando se disuelve. Somos un país en el que ser un empresario es ser el enemigo, ser fujimorista es la corrupción encarnada, ser de izquierda es ser un terruco. Somos un país en el que hay gente que cree que a los homosexuales se les debe castigar y en que hay que meter preso a todo aquel del que sospechamos.

El Perú es un lugar en el que el hashtag #Quesevayantodos se volvió tan popular que se hizo realidad. Somos un país que apoya las medidas autoritarias, pero al mismo tiempo no confía y odia a sus políticos. Somos un país de extremos, de generalizaciones y de odios salvajes por el que no piensa igual. Somos un país en el que los medios de comunicación se encargaron de dividir al mundo en buenos y malos, fujimoristas y el resto, el Congreso versus el pueblo. ¿Que no queremos extremismos?

Dentro de los partidos más populares en estas elecciones congresales está Unión por el Perú, que cree en el Etnocacerismo. No sé si nos hemos dado cuenta de la magnitud de esto. Se trata de un movimiento que cree en la supremacía de la "raza cobriza". Que cree abiertamente en fusilar a los “traidores a la patria” y en expropiar los medios de comunicación. Que quiere liberar a Antauro Humala, hoy en prisión por el Andahuaylazo. Buena parte del país, también, ha votado por el Frepap. Un partido teocrático que cree que su fundador fue el mesías. Un partido cuyos miembros esperaron por días la resurrección de su líder.

Por eso yo no entiendo cómo hemos llegado a la conclusión de que no somos extremistas.¿Quizás nos volvimos radicales recién tras el cierre del Congreso? No. Basta con mirar el Barómetro de las Américas del 2017. De 29 países en el informe, éramos los segundos más a favor de un golpe militar en casos de alto crimen, con un 55.3% de encuestados, y los terceros a favor de un golpe militar en caso de alta corrupción, con un 50.8%.

Éramos, además, los primeros en apoyar a un cierre del Congreso por parte del Ejecutivo con un 37.8%. Imagínense, ¡le ganábamos a Haití! Y, bueno, en confianza hacia los partidos políticos estábamos en último lugar, con un 7.5% de confianza. Más aún, éramos el octavo país que menos respaldaba la democracia, con solo un 52.7% de respaldo.

Así, somos un país temperamental y susceptible, dispuesto a patear el tablero y a revolucionar cada vez que una de nuestras revoluciones no funciona. Pero somos un país, además, en el que los periodistas y los analistas políticos asumen que su posición es la de la mayoría de peruanos, en el que nos distraemos con discusiones sobre si la leche es leche y sobre qué congresista es más conservador y feo que el otro y qué tan “malos” son los venezolanos, mientras hay gente harta del establishment que no está satisfecha con su situación.

Mientras había analistas que creían que la gente estaba tranquila, que todos querían un mundo libre de emisiones, más verde y mucho más inclusivo y tolerante con la comunidad LGTBIQ, por la puerta falsa se metían congresistas que irán al Poder Legislativo en hábito y otros tan impredecibles que no sabemos si mañana propondrán criminalizar la homosexualidad. Enfoque de género, ¿dónde estás ahora? No estamos en Noruega, señores, y ya es hora de aterrizar. Los problemas del país no vienen de un solo sitio y no se vencen con una disolución.

Por: Renán Ortega Olivera

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