Por qué nos debe importar lo que sucede en los penales - por Oscar Rosales Krumdieck | Enterarse

Por qué nos debe importar lo que sucede en los penales - por Oscar Rosales Krumdieck

2020/04/30 17:00

Por: Oscar Rosales Krumdieck

Columnista

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Durante años, algunas voces insistieron, pero nadie les hizo caso. Los políticos, en vez de proponer soluciones razonables o amparadas en la evidencia, se dejaron llevar por el populismo punitivo: promesas de cárceles a 4 mil metros de altura, condenas más largas y ampliación del tiempo permitido para la prisión preventiva. El problema era evidente y estaba a la vista de todos, pero el Estado no fue capaz ni tuvo la voluntad para solucionarlo. Ahora que estamos en medio de una pandemia, las pésimas condiciones penitenciarias nos estallan como una amenaza que puede terminar costando muchas vidas humanas.

Para quien no esté familiarizado, desde hace mucho tiempo el sistema penitenciario peruano es un completo desastre. Hace un año, Enterarse publicó un informe que daba cuenta de los siguientes resultados: sobrepoblación de más de 130%, carencia de ambientes para madres gestantes e insuficiencia de médicos y psicólogos. De los 16 penales mixtos en los que había niños, solo siete tenían un ambiente de cuna o cuidado y apenas cuatro tenían un ambiente para que los menores se recreen. Ningún penal tenía un pediatra para los hijos de los reclusos.

Yo sé que, al tratarse de criminales, a muchos realmente no les importa lo que les suceda. Es muy difícil tener empatía, por ejemplo, con quien ha asesinado a otro. Nuestras intuiciones parecen decirnos que quien ha hecho daño a otro, merece ser castigado. Así parece ser la regla, así parece haber funcionado siempre.

Pero quienes creen que no debe interesarnos la situación de los penales, se olvidan de algunos hechos fundamentales (muy aparte de que incluso el peor de los delincuentes tiene derechos humanos). Para empezar, los criminales no se cuidan solos: día a día el personal del Inpe trabaja bajo el riesgo de enfermarse de COVID-19. Segundo, alrededor del 40% de los presos no ha sido condenado. Son, con todas sus letras, personas legalmente inocentes. En los penales también viven niños pequeños al cuidado de sus madres y viven presos que no han cometido delitos graves o violentos. Están, también, personas que no han sido precisamente favorecidas por la vida ni se han criado en las mejores condiciones. No conozco las condiciones demográficas de las cárceles peruanas, pero por la evidencia internacional, estoy bastante seguro que los más necesitados están sobrerrepresentados en las cuentas del crimen.

Si esto no les basta para convencerlos de que existe un problema bastante grave que ha sido desatendido y que se ha agravado por la pandemia, creo que todos podemos acordar que el Estado no puede imponer condenas más gravosas de lo que está establecido por la ley. Si nuestro Código Penal dice que el Estado te puede privar de tu libertad por haber cometido algún delito, no se puede interpretar que también te puede privar de las condiciones mínimas para vivir una vida digna. Menos que te puede encerrar en un lugar donde tus condiciones de morir o sufrir abusos aumentan exponencialmente. Ya lo saben, la regla de oro de la función pública: el Estado solo puede hacer aquello que la ley le permita. Nada más que eso.

Esta última razón por la que debería importarnos lo que sucede en los penales es una razón de justicia. Siglos atrás, los reyes podían imponer cualquier tipo de castigo: desde la rueda hasta la hoguera. Hoy, sin embargo, el castigo excesivo y no contemplado en la ley es completamente inaceptable. Sin embargo, por los propios informes del Inpe, sabemos que los internos están siendo condenados a pasar sus vidas en lugares en los que las enfermedades se propagan con absoluta facilidad. ¿Qué tanto? Veamos los datos de la tuberculosis. Si en el Perú la tasa de esta enfermedad es de 99 personas por cada 100 mil habitantes, en los penales peruanos es de más de 3,500 reos por cada 100 mil personas presas. Es, para que se hagan una idea, una tasa 36 veces mayor a la de todo el Perú.

Ahora que ha llegado la pandemia, la situación se vuelve mucho más crítica, tanto para los internos como para los trabajadores del Inpe. Como mostramos hace unos días en un informe, el nuevo coronavirus se contagia especialmente rápido en ambientes cerrados. Si a esto le sumamos que los penales están preparados para recibir a poco más de 40 mil personas, pero que albergan a más de 96 mil reos, tenemos la receta perfecta para el desastre. Y, de hecho, ya lo estamos viendo. En base a los datos del ministro de Justicia, podemos decir que un 0.03% de los reos ha muerto por coronavirus. Si el Perú tuviera esta misma tasa, implicaría la muerte de 9,600 personas; mucho más de los cerca de mil fallecidos que tenemos ahora. Y eso que no he considerado a los 7 trabajadores del Inpe que han muerto por COVID-19. El coronavirus es más mortal si estás tras las rejas.

El personal del Inpe, en estos momentos, tiene en sus manos una situación particularmente complicada. Pero no es su culpa, sino de sucesivos presidentes, ministros, tecnócratas y congresistas que, conscientes del problema, no llegaron a hacer nada relevante para solucionarlo. Los penales eran desde hace mucho tiempo una bomba de tiempo y hoy parece que está estallando en nuestras caras. El Estado quizás tenga un derecho a castigar, pero a lo que definitivamente no tiene derecho es a poner a una población en una situación altamente vulnerable por su propia desidia, populismo e incapacidad. Menos a preparar las condiciones para que las enfermedades contagiosas se propaguen y maten rápidamente a seres humanos. Si eso no nos importa, la verdad es que nos estamos tapando los ojos ante una tremenda injusticia. Nadie tiene por qué soportar un castigo al que no ha sido condenado. 

Por: Oscar Rosales Krumdieck

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