El Perú es un país forestal - por Luis Gamarra | Enterarse

El Perú es un país forestal - por Luis Gamarra

2020/12/11 08:00

Por: Luis Gamarra Otero

Columnista

Foto: Reuters

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Según cifras de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura –FAO, por sus siglas en inglés– el comercio mundial de productos forestales bordea anualmente los US$400 mil millones. El 75% de ese monto corresponde al rubro de papeles, cartones y pulpa de madera para fabricar papel. El resto son maderas aserradas y un 10% corresponde a otros.

La superficie forestal del Perú es de 74 millones de hectáreas y comprende el 57% de su territorio. Ocupamos el noveno lugar en extensión entre los países del mundo y somos el cuarto en cuanto a bosques tropicales. Pese a ello, solo participamos del 0.05% de esta codiciada torta, es decir, prácticamente cero.

¿Quién se aprovecha de este apreciable botín?

En primer lugar, están los países de Europa Occidental que con tan solo el 4.54% del área mundial de bosques captan el 41% de él, con un valor de US$164 mil millones. Le siguen los Estados Unidos con US$38 mil millones, Canadá con US$29 mil millones y Brasil con US$21 mil millones. No sé si alguien podría explicar cómo es que Suiza con una setentava parte de los bosques que tiene el Perú puede exportar ocho veces más o cómo el Principado de Luxemburgo puede exportar un 25% más que nosotros con una área igual a la onceava parte del distrito de Miraflores. Es difícil de creer, pero esa es la cruda realidad.

¿Quiénes son los culpables de la situación de abandono productivo en la que se encuentra más de la mitad del territorio nacional?

Son, en primer lugar, muchas de las llamadas ONGs ambientalistas, pero, también, son culpables los gobiernos nacionales que les hacen caso. Mientras que los países europeos explotan casi íntegramente sus bosques, aquí algunas de estas organizaciones, financiadas por los consorcios madereros de ese continente que no quieren intrusos en el banquete, hacen escándalo mundial apenas cortamos unos cuantos árboles. Los motivos que alegan son múltiples: que son el pulmón de la humanidad, que la biodiversidad se destruye, que las comunidades nativas se extinguirán, que la contaminación de los ríos, etc., etc. Sin embargo, las corporaciones que las financian sí pueden hacerlo en Europa. Quisiera ver cómo hacen para explicar la diferencia en sufrimiento ambiental que existe entre cortar una copaiba en Pucallpa o hacer lo mismo con un roble en las Ardenas. La devoción que dicen tener estos “ambientalistas” por la naturaleza es fingida, no es el amor al chancho, sino a los chicharrones, que son los dólares que reciben para la financiación de sus campañas.

Los bosques tropicales, como los peruanos, tienen evidentes ventajas comparativas: son más productivos en celulosa que los europeos –entre otros factores– porque no paralizan su crecimiento en las épocas de frío y días cortos, produciendo materia prima los 365 días del año. Pero, aun si los comparásemos de igual a igual en una distribución equitativa de recursos generados, deberíamos estar recibiendo por lo menos US$60 mil millones y solo captamos US$193 millones. Con esa riqueza, el Perú sería un país en las puertas del desarrollo y se crearían fuentes de trabajo para millones de peruanos que hoy se debaten en la pobreza.

Ni siquiera en Sudamérica pintamos. Después del Brasil, tenemos la segunda superficie forestal de este continente y hasta el Uruguay con 36 veces menos área de bosques exporta 20 veces más que nosotros.

Chile es un ejemplo de lo que pudiéndose hacer no hemos hecho. Con la cuarta parte de bosques que el Perú, hoy ya está cerca de los US$10 mil millones anuales de exportaciones. En la década del 70, estábamos casi a la par, pero dicho país tenía en el sur de su territorio el problema de grandes extensiones que fueron destinadas a la siembra de trigo abandonadas y erosionándose, y decidió convertirlas en bosques. Para ello, emprendió una agresiva campaña de promoción. El ataque de las ONGs fue implacable. Que dañaban el ecosistema, que destruían los suelos, que causaban la exclusión y pauperización de las comunidades rurales, que ocasionaban la depredación de la etnia mapuche, la concentración de la propiedad en pocas manos, la pérdida de la biodiversidad por la introducción de especies exóticas, el desecamiento de las vertientes, que succionaban el agua subterránea, que salinizaban grandes zonas y compactaban los suelos, etc.

El boom forestal que produjo el programa de reforestación chileno fue espectacular. Los US$40 millones en productos forestales que registraban sus exportaciones en 1975 se han multiplicado 250 veces. Hoy, en el país del sur están en actividad miles de pequeños, medianos y grandes propietarios de bosques, aserraderos y actividades conexas a la gran empresa forestal. La economía de esas regiones pobres cambió radicalmente. 

Las plantaciones no solo permitieron el crecimiento acelerado de la industria forestal, con la consecuente repercusión en el desarrollo nacional, sino que, además, constituyeron el más colosal aporte medioambiental que se haya efectuado en dicho país, conteniendo graves procesos de erosión e iniciando la recuperación de suelos degradados. A esto debe agregarse el enorme impacto socioeconómico de las plantaciones forestales, las cuales sostienen más del 85% de la actividad económica de la zona, convirtiéndose, después de la minería, en el segundo sector económico más dinámico del país y el primero sobre bases sustentables. Sumadas las ventas de 45 años, desde cuando se inició esta campaña, son US$145 mil millones que han ingresado a su economía y seguirán haciéndolo por el hecho de convertir en productivas unas tierras donde antes nada se producía.

¿Se puede hacer algo similar en el Perú? Claro que sí, pero no es cuestión para mañana, esto toma varias décadas. El grave problema es que vamos caminando en sentido contrario.

En el año 1952, el gobierno del general Odría lo intentó. Se contrató al grupo industrial francés BATINEYRET S.A.R.L, reconocido internacionalmente por sus conocimientos en esta materia para estudiar la posibilidad de instalación en nuestra región amazónica de industrias destinadas a la producción de papel, utilizando materias primas originarias de la región. Esta misión trabajó con el apoyo complementario de la Escuela Francesa de Papelería, entidad también de renombre mundial.

Las conclusiones, incluidas en el resumen de un detallado informe del Jefe de la Misión, fueron las siguientes:

“Muestras patrones, hechas con mezcla de pasta química blanqueada de 'cetico' y de pasta mecánica sin blanquear, han sido comparadas en los laboratorios de la Escuela Francesa de Papelería con muestras patrones ordinarias tomadas en el cabezal de la máquina de papel periódico que produce el papel -clásico a base de pino.”

“Las muestras patrones 'todo cetico' han presentado características superiores a las muestras patrones clásicas en lo que respecta a rotura, en desgarramiento y drenaje y características análogas en lo que respecta a la resistencia de tracción”

“En estas condiciones y aun cuando tenemos previsto de continuar los estudios y ensayos hasta el fin de este mes, la Misión se encuentra en condiciones de ofrecer la seguridad que un papel de periódico de buena calidad puede ser producido industrialmente utilizando exclusivamente como materia prima, el cetico peruano”

“Consecuentemente y de acuerdo con Ud..., vamos a terminar la definición de las instalaciones industriales basándonos en principio, sobre el hecho de que la madera de cetico será utilizada con exclusión de las otras materias primas que en un principio habían sido vislumbradas ... esta solución parece ser técnica y económicamente superior a las otras.

Los técnicos estimaban que la fabricación de papel con materia prima procedente de la selva amazónica tendría ventaja por su bajo costo, debido a una superior productividad. Esta diferencia era notable y se estimaba que el costo de producción de una tonelada de este papel tropical podría ser la mitad que el de los fabricados con pulpa de celulosa procedente de los bosques de EEUU, Canadá y el norte de Europa, donde un “pino insigne” es talado entre los 30 o 35 años mientras que un bosque de “ceticos” puede ser cosechado a los 5 o 6 años.

Los “ceticos” son árboles que crecen en forma espontánea en los claros que se abren en la selva o en las riberas de los ríos; zonas deforestadas o al borde de las carreteras y chacras. Son las clásicas especies colonizadoras o pioneras, las primeras que crecen espontáneamente cuando se roza un terreno. Forman extensos y apretados bosques llamados ceticales. Son árboles de tamaño medio, llegan hasta 30 metros de altura y poseen un tronco redondo que llega hasta 60 cm de diámetro. Producen un número impresionante de semillas que pueden llegar hasta 900 mil por planta. Sus frutos, carnosos y de gran tamaño, son apreciados por muchos animales silvestres que son los encargados de dispersar sus semillas por el bosque, favoreciendo su rebrote en nuevos lugares. Toda la energía de estos árboles va destinada a lograr un rápido crecimiento, característica propia de las especies colonizadoras. Algunos ceticos llegan a crecer hasta cinco metros de altura en apenas un año. Donde se cortan ceticos, vuelven a brotar de inmediato debido a los millones de semillas que se encuentran en el suelo y, a los pocos meses, ya se tiene un manto verde de estas plantas.

Con el cambio de gobierno, el proyecto fue encarpetado y no se volvió a saber de él. El estudio de la Misión Francesa sencillamente desapareció. Podemos deducir que fue producto del pánico que sintieron los consorcios papeleros europeos con este informe.

Según las cifras del Ministerio de Agricultura, la situación productiva de nuestra región amazónica es, por decir lo menos, lamentable. Solo en el 0.01% de su área tiene bosques cultivados y, además, existe un 3.4% de tierras aptas esperando para ser reforestadas, nada más. Pero cuando intentamos hacer algo para mejorar, las ONGs ponen el grito en el cielo.

Yo no me opongo a que los países europeos se enriquezcan, pero lo que no admito es que quieran hacerlo a costa de mantenernos en la pobreza. En algún momento, y ojalá que sea pronto, tiene que venir un gobierno que reviva un proyecto que pronto cumplirá 70 años de su desaparición y dirima entre seguir teniendo una intocada Amazonía “turística y supuestamente amigable con el ambiente” o solucionar el problema de la extrema pobreza y de millones de niños desnutridos y anémicos del Perú.

Y si quieren que sigamos manteniendo el 99% de nuestros bosques sin tocar, que los europeos hagan lo mismo con los suyos y después hablamos de ambientalismos.

Por: Luis Gamarra Otero

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