¿Estamos camino a Zimbabue? - por Luis Gamarra | Enterarse

¿Estamos camino a Zimbabue? - por Luis Gamarra

2021/05/25 10:00

Por: Luis Gamarra Otero

Columnista

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Zimbabue y Botswana son países vecinos situados en la zona subsahariana del continente africano. Fueron, hasta hace poco, colonias inglesas. Hasta aquí las coincidencias.

Zimbabue compendia a la región que se conoció como Rodesia Sur, uno de los territorios más ricos de ese continente. Sus tierras de cultivo sumaban alrededor de 3.9 millones de hectáreas y fueron consideradas entre las más fértiles del África, por lo que a este país se le conoció siempre como “La Joya del África”. Producía excelentes cosechas destinadas principalmente a la exportación. En su subsuelo existe una riqueza muy apreciable de yacimientos minerales. Zimbabue tenía una de las economías más florecientes del continente africano y parecía que estaba destinado a convertirse en un país desarrollado.

Botswana era considerado como uno de los países más pobres del planeta. Era una tierra inhóspita, con el 70% de su territorio cubierto por el desierto de Kalahari. Los botsuanos no tenían ni siquiera recursos para alimentarse. Sus áreas con posibilidades de cultivo apenas bordeaban las 24 mil hectáreas, la 163 ava parte de las que poseía Zimbabue, algo así como la mitad de nuestro departamento de Tumbes. Desarrollaba una pobre y famélica ganadería de cabras. Ni siquiera los dictadores comunistas tan en boga por aquella época quisieron poner sus ojos en esas tierras porque no había nada que robar.

Zimbabue declara su independencia en 1980. Cuatro años después, en 1984, la Unión Nacional Africana de Zimbabue (ZANU) instaura un gobierno comunista, y a los dos años, Robert Mugabe inicia su demencial carrera social-racista, anunciando medidas para integrar la asamblea solo con personas de piel negra. Mugabe, que era inicialmente primer ministro en 1987, reforma la constitución y se auto proclama presidente, el único que tuvo Zimbabue durante 30 años, desde su independencia hasta el 2017, cuando es derrocado por un miembro de su ejército. Cuando cumplía 93 años, y estando muy enfermo, quiso dejar en el poder a su esposa para que siguiera saqueando al país. Durante 30 años había ganado elección tras elección, la mayor parte de las veces participando solo o encarcelando a sus contrincantes. Los organismos internacionales guardaron sepulcral silencio.

Mugabe, guerrillero marxista, tomó el poder después de una encarnizada lucha a un costo de aproximadamente 30 mil muertos. Su fanatismo era contra los zimbabuenses de raza blanca. Había ofrecido ahorcar en la plaza pública a Ian Smith, el último ministro blanco. En 1982, Mugabe soltó a sus fuerzas especiales entrenadas por los norcoreanos matando a las personas que suponía opositoras. Los organismos defensores de los Derechos Humanos no solo silenciaron esta actitud, sino que la apoyaron económicamente. Muchos dignatarios extranjeros del llamado tercer mundo lo trataron como una celebridad. Los cubanos ayudaron siempre con singular entusiasmo a este genocida.

Botswana gana su independencia en 1966, cuando su PBI per cápita era apenas de US$ 90. Su primer presidente, Seretse Khama, descendiente de la tribu Bamangwato, se había casado con una inglesa de raza blanca. Este matrimonio fue objeto de un despiadado ataque sobre todo por parte de los países vecinos. El perjuicio racial que asedió a la pareja terminó siendo, contra lo que se esperaba, beneficioso y educativo; esta disputa logró una envidiable armonía racial. El hecho fue que Khana, el primer fundador del país, se convirtió en el primer líder mitad blanco, mitad negro de una nación africana, una señal que existía una real y verdadera tolerancia a la diversidad racial. A diferencia de otras naciones africanas, desde que se independizó este país no ha atravesado situación de inestabilidad política ni social alguna.

Consolidado el gobierno, al contrario de sus vecinos, Khama adoptó políticas a favor del libre mercado. Su gobierno prometió impuestos bajos y estables a las compañías mineras, libertad de comercio y mantenimiento de las tasas a las rentas marginales, que además serían bajas para incentivar la inversión y disuadir la corrupción. Esto lo hizo en momentos que el comunismo era la moda y parecía imparable en los países africanos. La apertura económica iniciada fue muy beneficiosa. Entre 1966 y 2008, el ingreso per cápita (ajustado a la inflación y a la paridad del poder adquisitivo) que al momento de su independencia era de 671 dólares internacionales subió a más de 12 mil.

La promesa electoral del dictador de Zimbabue había sido una reforma agraria radical. En realidad, esta fue eminentemente racial. Los agricultores perdían sus propiedades por el solo hecho de ser de raza blanca, a pesar de que existían zimbabuenses de esta raza de quinta generación.

Las fincas de propiedad de blancos fueron invadidas por escuadrones organizados por el Estado. Los agricultores que se resistieron a perder sus tierras fueron asesinados o de lo contrario tuvieron que huir del país. Mugabe declaró que las tierras rescatadas serían para las masas sin tierra. Pero el hecho verdadero fue que se las repartieron entre sus “amigos”. Este sector pronto se derrumbó y con ello la mayor parte del ingreso fiscal y la economía del país.

En 2002 se promulga otra ley que prohibía a cualquier blanco comprar terrenos y, posteriormente, Mugabe anunció su programa consistente en la confiscación de las acciones privadas cuyos dueños fueran zimbabuenses no negros. Estas acciones se asignarían a zimbabuenses negros, pero, en realidad, fueron utilizadas para asegurar la fidelidad de sus colaboradores y miembros del ejército. A tal grado llegó el racismo que cuando tenía que visitar una mina en dicho país por razones comerciales, al averiguar si había necesidad de obtener una visa, la insólita respuesta fue: si usted es de raza negra, no; de lo contrario, necesita una invitación oficial y personal.

Desde los medios de comunicación del Estado se propagaba el odio al blanco, mientras que los funcionarios más exaltados encabezaban las manifestaciones en las que se gritaba “muerte a los blancos”. Bajo la dictadura criminal de Mugabe, Zimbabue era el país en el que se practicaba el racismo más denigrante del mundo, ante la mirada complaciente y el silencio cómplice de los Organismos Internacionales y ONGs que se rasgan las vestiduras y hacen verdaderos escándalos cuando un policía se excede con un descendiente africano en Chicago.

Botswana comenzó desde cero. Al momento de su emancipación, en 1966, era considerada como una de las naciones con mayor pobreza extrema. Su capital, Garborone, era una aldea con unos cuantos miles de personas. En todo el territorio nacional apenas había dos escuelas secundarias que ofrecían un curso de cinco años para un total de 80 alumnos. Contaba solo con 12 kilómetros de carreteras pavimentadas.

Todo empezó a cambiar cuando se deciden a explotar la enorme riqueza de diamantes que atesoraban en su subsuelo. Por falta del capital, no tenían la menor posibilidad emprender solos esta tarea: necesitaban de inversión extranjera y así lo decidieron. Sus primeras experiencias fueron muy malas, pero, aun así, respetaron los contratos. La compañía sudafricana De Beers se los comió vivos, abrió su primera mina tras haber pagado al gobierno 20 millones de dólares por la licencia. En menos de cuatro meses esta inversión fue cubierta por los beneficios generados.

No se dedicaron a flamear soberanías, a proclamar nacionalizaciones ni a romper compromisos. Asimilaron la mala experiencia y esperaron pacientemente. Ante las críticas, que no faltaron, el gobierno respondía: “Los contratos son para respetarse y hay que pagar por los errores”, “solo así podremos consolidar una fama de país serio”. Con la experiencia adquirida, los siguientes gobiernos negociaron los nuevos contratos, mejorándolos notablemente. De 1985 al 2002, la pobreza extrema de dicho país bajó del 40.9% al 28%. En el 2015 era del 14.5%.

Cada año, del 10% al 15% del presupuesto público era destinado a inversiones de infraestructura. De los 12 Km. que tenía cuando se emanciparon, ahora ya cuentan con más de 14 mil Km. de magníficas carreteras pavimentadas. La capital, Garborone, esa antigua aldea primitiva, es hoy una moderna urbe, limpia, ordenada, segura y progresista.

Mugabe, el dictador de Zimbabue, contrastando con la pobreza en la que había sumido a su país, vivía con los lujos de un rey de la edad media. Vestía trajes de firmas exclusivas con láminas de oro y colgajos de piedras preciosas. Pagó a una empresa de Serbia 12 millones de dólares por la construcción de su nueva casa con 25 dormitorios y dos lagos artificiales. A sus ministros y vice ministros los gratificaba con las haciendas confiscadas. El 21 de febrero del 2009, Mugabe cumplió 85 años y lo celebró con una fiesta que incluyo cuatro mil porciones de caviar, tres mil patos criados especialmente y ocho mil cajas de bombones para regalar a los concurrentes.

Mugabe y su camarilla gobernante han creado cerca de 30 ministerios que controlan todo y que han logrado un cerco burocrático asfixiante. Un vehículo que pretenda cruzar la frontera con Zambia tiene una demora promedio de cuatro días en trámites. La producción se ha detenido. Las infraestructuras se encuentran colapsadas. El recojo de basura prácticamente no existe. El suministro de agua es un caos. El agua potable se mezcla con el desagüe por lo que, para parar la epidemia del cólera, tuvieron que cortar el suministro en muchas ciudades. No hay médicos ni personal sanitario, la mayoría ha tenido que abandonar el país en busca de mejores condiciones de vida. A pesar de ello, el régimen de Mugabe impide el ingreso de entidades humanitarias. Su capital Harare fue considerada por The Economist como la peor ciudad del mundo para vivir. Pero ellos no asumen responsabilidad alguna por lo que sucede. Siempre les echan la culpa a los países “imperialistas”. “La crisis que sufrimos fue creada por las antiguas potencias coloniales”, vociferaba Mugabe.

Por el contrario, los gobiernos de Botswana se destacan por la humildad excepcional de sus políticos. Los ministros no viven en mansiones y hasta se ve frecuentemente al presidente salir de compras como cualquier ciudadano. Un reportero de The Economist relata que se encontró con la ministra de Educación en la cola de un supermercado. Transparencia Internacional considera a Botswana como el país con menos percepción de la corrupción del continente africano.

En Botswana, a diferencia de Zimbabue, hay menos de 20 ministerios. Se gobierna por una constitución adoptada desde su independencia, no han tenido necesidad de cambiarla, ni han cedido a las modas de refundar el país con cada cambio de gobierno. La Constitución de Botswana prohíbe la nacionalización de la propiedad privada. 

El presidente es elegido por los miembros del Parlamento o asamblea nacional, que constituye el órgano legislativo supremo. La asamblea nacional consta de 65 miembros elegidos para un periodo de cinco años. El sistema judicial se basa en tribunales de magistrados y una Corte Superior. Las apelaciones en los casos civiles y penales son llevadas a un tribunal de apelación.

En los últimos 35 años, la economía de Botswana se ha hecho sólida y ha crecido más rápidamente que ninguna otra en el mundo. Según informes del FMI, en el 2018 presentaba una tasa de crecimiento anual de 9% y poseía un PBI per cápita de 18,843 dólares ajustados por paridad de compra, uno de los más altos del África. (El de Perú es de 13,993 dólares). Poseía la mejor calificación crediticia de riesgo soberano de África: (A) de Standard & Poor’s y (Aa3) de Moody´s. La receta era una política fiscalmente conservadora de bajos impuestos y pocos gastos gubernamentales.

El impuesto de sociedades es de 25%, si bien las compañías extranjeras con servicios financieros internacionales pagan solo 15%. El máximo de impuestos sobre la renta es de 25% y el tipo máximo sobre el capital es de 25% para empresas y de 5% para el resto de individuos. Además, existe una exención total de impuestos a la importación de equipos destinados a producir bienes exportables. El IVA es de 12%. En el año 2004, ante una crisis fiscal, los funcionarios de Botswana no se dedicaron a crear más impuestos, sino que recortaron el gasto gubernamental en un 18%.

Botswana es la economía más libre del África y una de las más libres del mundo. En su informe anual 2007 “Libertad Económica del Mundo”, el Instituto Fraser de Canadá ya situaba a la economía de Botswana a la par de Bélgica y Portugal. En el “Doing Business 2010” del Banco Mundial, Botswana estaba ubicada en el puesto 45. Es líder económico y posee un puntaje superior al promedio en siete de las 10 libertades consideradas para lograr este índice de calificación. Es muy fuerte en cuanto a derechos de propiedad, libertad de inversión, libertad financiera, libertad frente a la corrupción y libertad laboral. El Poder Judicial es independiente y la protección de la propiedad intelectual es fuerte.

La minería representa el 40% de todos sus ingresos; gran parte de ellos provienen de las minas de diamantes. Pero el 2007 han descubierto importantes yacimientos de uranio e inclusive han dado resultados positivos las primeras exploraciones petroleras.

El mercado laboral de Botswana mantiene regulaciones muy flexibles. El costo salarial que implica contratar a un trabajador es muy bajo y despedir a un empleado superfluo puede que prácticamente no tenga costos.

La pregunta es: ¿alguien ha oído o visto algún comentario sobre este país divulgado por los organismos internacionales?... ¿Porque razón lo esconden?

Zimbabwe, debido a su demencial política, es algo más que un caos. Para disimular la situación, tal como ha sucedido siempre en todas las dictaduras de esta clase, Mugabe ordenó al Banco de la Reserva imprimir billetes a su capricho, provocando la inflación más descomunal de la que se tenga noticia. Hacia abril del 2008, el tipo de cambio se había disparado hasta límites que los economistas ya no podían determinar con exactitud. Tenían que trabajar con proyecciones, pues, si lo hacían con cifras reales, cuando terminaban los cálculos las cifras ya eran obsoletas.

En Julio del 2008, el Banco de la Reserva ya imprimía billetes de hasta mil millones de dólares zimbabuenses. Zimbabwe llegó a tener una inflación de 2.2 millones por ciento. La tasa oficial de cambio llegó a 30 millones de dólares locales por un dólar norteamericano. Pero, en la realidad, en el mercado paralelo, la tasa llegó hasta 120 millones por US$. Los integrantes de la elite oficial se enriquecen comprando moneda extranjera del Banco de la Reserva para venderla en el mercado negro que es la única fuente para la población en general.

Los precios cambian desordenadamente cada hora. Los hospitales “gratuitos” solo atienden si se paga por anticipado una cantidad que depende de la desesperación y a la capacidad económica de la familia del moribundo. Un periódico costaba 2 millones de dólares y un bife cien millones.

No hay dinero en efectivo porque los precios suben más de prisa de lo que el Banco de la Reserva puede imprimir. La única manera de sobrevivir como empresario es llevar una contabilidad donde nunca haya efectivo porque se evapora en minutos. Como la inflación es irrefrenable, la gente sufre la amenaza del ahorro, que es la vía directa y más eficaz para perder el dinero. Para tratar de esconder esto, el gobierno ha establecido controles en la mayoría de productos de consumo, pero de nada sirven pues dichos productos no existen. Los billetes comenzaron a salir con fecha de caducidad.

El informe anual de 2008-2009 “The Global Competitiveness Report” situó a Zimbabue en el último puesto de su ranking mundial. Este “logro” es obra exclusiva del comunismo, que ha eliminado virtualmente todas las libertades del país.

En Zimbabue prácticamente no existe mercado formal del trabajo. El desempleo alcanza al 80%. El motivo principal es la rigidez laboral, una de las más duras del mundo. El costo de un despido es equivalente a 466 semanas de salario (alrededor de nueve años). Solo el Estado y los amigos del poder, para quienes no rigen las leyes laborales, pueden darse el lujo de ser empleadores.

Tomar una foto a un supermercado vacío tiene pena de cárcel. Nadie se atreve a hacer cometarios por temor de ser denunciados por la Organización Central de Inteligencia. La entrada de periodistas extranjeros sin permiso está penada con cárcel. Zimbabue, considerada antes como el granero de África, depende ahora de la ayuda internacional para alimentar a sus habitantes, pero sus gobernantes justifican esta situación con el argumento que hay que controlar para que los ingleses no se apoderen de nuevo del país.

Mugabe recibió el reconocimiento de Fidel Castro, del primer ministro iraní y de Hugo Chávez. Aunque parezca increíble fue nominado por varios organismos internacionales para el Premio Nobel de la Paz en 1981 y uno de sus ministros, Bernard Chiderezo, estuvo dentro de la terna de candidatos en la que se eligió finalmente a Kofi Annan como Secretario General de las Naciones Unidas.

Por ser considerado como un héroe de la lucha anticolonialista, Hugo Chávez en la reunión del Grupo de los Quince que se realizó en Caracas en el año 2004 honró a Robert Mugabe otorgándole la máxima condecoración que puede dar ese país. Le entregó una réplica de la Espada de Bolívar. En diciembre de 2008, Hugo Chávez declaró que Venezuela prestaba su incondicional apoyo al gobierno independiente de Zimbabue en su lucha contra la agresión de los países imperialistas.

Por: Luis Gamarra Otero

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