Si has visto películas o series, o has jugado videojuegos sobre zombies, probablemente te has dado cuenta de algo particular: en la mayoría de estas historias los humanos son mucho más peligrosos que los monstruos. Mientras que los zombies solo persiguen al primer ser vivo que ven, los humanos son los verdaderos antagonistas: seres inteligentes que solo están buscando sobrevivir y harían cualquier cosa por ello.
Esta forma de pensar a la humanidad como peligrosa no es realmente nueva y fue excelentemente retratada por Thomas Hobbes, uno de los pensadores políticos más importantes de occidente, en 1651. En su obra, Leviatán, Hobbes trató de explicar qué principios racionales sostenían la existencia de Estados y por qué eran preferibles a su no existencia. Pero ¿cuáles eran las razones de Hobbes? A continuación te lo contamos.
Empecemos con un poco de contexto. Hobbes vivió en Inglaterra durante la época de las guerras civiles inglesas. Este fue un periodo de aproximadamente 10 años en el que la corona inglesa y sus seguidores se enfrentaron a diferentes grupos de oposición en Inglaterra, Escocia e Irlanda. De acuerdo a la Enciclopedia Británica, este fue uno de los periodos más sangrientos de la historia de las islas británicas y se calcula que causó la muerte de aproximadamente el 2.5% de la población.
Así, según la Stanford Encyclopedia of Philosophy, tras vivir en este periodo de inestabilidad e incluso tener que huir a París, Hobbes llegó a la conclusión de que cualquier forma de gobierno era mejor que las «miserias y horribles calamidades que acompañan a la guerra civil». Pero, ¿cuál fue su razonamiento? Veamos.
Hobbes nos invita a pensar cómo sería la vida en un mundo sin la existencia de gobiernos o algo análogo. Él llama a este mundo hipotético: el estado natural. Este estado se caracteriza por tres cosas. Primero, en un estado tal, todos los seres humanos son completamente libres. Al no existir leyes o gobiernos que las apliquen, todos serían libres de hacer lo que quieran, incluso robar o matar.
En segundo lugar, todas las personas serían iguales. Si bien Hobbes reconoce que algunos tienen más fuerza o inteligencia que otros, en la práctica somos suficientemente iguales: cualquier persona puede someter o matar a otra, ya sea a través de la fuerza, de la inteligencia o de asociación con otras personas.
Por último, en un mundo sin estados o sociedades complejas habrá en algún momento escasez de recursos. Tal vez, esto último suene un poco extraño. Sin embargo, es algo que ha sucedido y sucede en la práctica: muchas especies de animales han desaparecido al no poder competir con otras más aptas por comida o recursos. De hecho, se piensa que una de las razones por las que desaparecieron otras especies de humanos, como los neandertales, fue que no pudieron competir con nosotros por recursos y poco a poco su población fue disminuyendo.
¿Y qué tiene que ver todo esto con los Estados? Teniendo en cuenta estos tres hechos, Hobbes infiere la necesidad de la existencia de los Estados. Para empezar, lo primero que nos dice es que el estado de la naturaleza pasa rápidamente a convertirse en un estado de guerra: «una guerra de todos contra todos», en la que en cualquier momento puede sobrevenir una muerte violenta.
La escasez de recursos sumada al deseo de sobrevivir produce competencia por ellos. Esta competencia sumada a la completa libertad e igualdad de las personas lleva a la guerra. Al ser todos completamente libres, no hay nada que impida que una persona robe, engañe o mate a otra por sus recursos. Pero ¿no sería posible que las personas cooperen con otras para sobrevivir?
Hobbes no niega que las personas tengan la capacidad de cooperar o de ser benevolentes. De hecho, esto es algo que muchas veces vemos en las películas sobre zombies y otras clases de apocalipsis. Las personas somos capaces de cooperar. Pero al mismo tiempo hay personas que buscan aprovecharse de otras. Por ello, si no conoces al otro, lo más racional es desconfiar de ellos. Así, la posibilidad de ser engañado o traicionado es suficiente razón para preferir atacar primero.
Tal vez te parezca injusta la forma que tiene Hobbes de retratar a los seres humanos. Sin embargo, Hobbes tiene un argumento bastante convincente: piensa por un momento cómo actúas en la vida cotidiana. ¿Acaso no desconfías tú de otros seres humanos incluso en una sociedad con gobiernos y leyes? ¿Acaso no pones bajo llave tus pertenencias más preciadas? ¿Acaso no evitas entrar a correos extraños o dar tus contraseñas por miedo a que otros te roben?
De acuerdo con Hobbes, cuando realizamos estas acciones estamos acusando a la humanidad de lo mismo que él. Es verdad que los seres humanos pueden ser confiables, benevolentes y pueden cooperar. Pero también son capaces de lo opuesto. Y, en un contexto de supervivencia, lo inteligente es atacar primero. Así, el estado de la naturaleza es un estado de guerra de todos contra todos.
Este estado de guerra, no obstante, tiene las semillas para la paz. El estado de la naturaleza es un estado en el que la muerte violenta puede llegar en cualquier momento, por lo que también es un estado donde reina el miedo. De acuerdo con Hobbes, este miedo siembra la esperanza en todos de llegar a una situación de paz. Pero ¿cómo llegar a ella?
Una forma de hacerlo, es que las personas se pongan de acuerdo en no usar la violencia en contra de los unos y los otros. En otras palabras, las personas pueden prometer no vulnerar a los otros y así cooperar juntos en sociedad.
Hobbes, no obstante, piensa que una simple promesa es un motivo muy débil para entrar a vivir en sociedad. Después de todo, en una situación en la que todos son completamente libres, romper una promesa no es muy difícil.
La única opción posible, piensa Hobbes, es que las personas renuncien a parte de su libertad y la cedan a un tercero. Esta es la idea del «contrato social», un contrato entre personas libres e iguales que en conjunto deciden ceder parte de su libertad para entrar en sociedad. Pero ¿qué parte de su libertad ceden y a quién?
La idea del contrato social es una idea recurrente en la historia de la filosofía y cada autor ofrece su caracterización sobre ella. Así, los términos y propósitos de este contrato difieren en cada autor. En el caso de Hobbes, las personas ceden su derecho natural a usar la violencia a un tercero. Este tercero puede ser una persona, como un monarca, o una asamblea, como un parlamento, quien se convierte en el Estado, o en palabras de Hobbes, en el Leviatán: él único que puede ejercer la violencia de manera legítima.
Así, la función del Leviatán es garantizar la paz en la sociedad con el uso de la violencia. Con un Estado vigilante, las personas pueden tener la tranquilidad de que no les llegará una muerte violenta en cualquier momento.



