La Luna, el satélite natural de la Tierra, siempre ha generado fascinación en los seres humanos. No solo ha sido objeto de incontables mitos de diferentes culturas alrededor del mundo, sino que incluso llegar a ella fue uno de los logros científicos más importantes del siglo pasado. La Luna, además, tiene una historia íntimamente ligada a la de nuestro planeta. A continuación, te la contamos.
Los satélites naturales no son algo raro en nuestro Sistema Solar. Según la Enciclopedia Británica, hay 171 lunas orbitando otros planetas en nuestro sistema solar. Por otro lado, según la Nasa, la cantidad de lunas en el sistema solar es de más de 224, aunque cada vez se descubren muchas más. Marte, nuestro vecino próximo, tiene 2; Júpiter, 92 y Saturno, 63.
La mayoría de estos satélites, especialmente los que pertenecen a los gigantes gaseosos (Júpiter y Saturno) tienen un origen similar. Estos fueron cuerpos espaciales capturados por la gravedad de los planetas. Sin embargo, este no es el origen de la Luna, sino que esta nació a partir de un impacto cataclísmico entre dos planetas. Uno de ellos, fue la Tierra. Pero ¿cómo sabemos esto?
Veamos. En la década de los 60s, existían diferentes teorías que explicaban el origen del satélite terrestre. Aparte de la teoría de un impacto entre la Tierra y otro objeto espacial, en esta época existían también otras tres teorías que explicaban su formación: la teoría de la captura, la de la fisión y la de la condensación. La primera afirmaba que nuestro satélite era un cuerpo espacial que había sido capturado por nuestro planeta, lo más usual en el Sistema Solar.
La segunda afirmaba que la Tierra y la Luna se habían formado al mismo tiempo una cerca de la otra. En simple, esta teoría sostenía que nuestro planeta nació junto con su satélite cuando el Sistema Solar se formó.
Por último, la tercera afirmaba que, durante su formación, la Tierra giró tan rápido que parte del material que la componía fue expulsado y empezó a orbitar nuestro planeta, dando así origen a la Luna.
Sin embargo, después de que la misión Apolo trajera muestras de rocas lunares, la única teoría que fue respaldada por la evidencia fue la de un gran choque entre nuestro planeta y otro. A este otro planeta algunos científicos lo llaman Theia.
¿Qué dice esta teoría? De acuerdo con esta teoría, hace aproximadamente 4.6 mil millones de años se formó la Tierra junto con el resto del Sistema Solar. Inicialmente, nuestro sistema era simplemente un disco de polvo y gas que orbitaba a nuestro Sol. Con el tiempo, las partículas de polvo y gas se fueron juntando por la gravedad hasta formar los 8 planetas que conocemos hoy en día.
Sin embargo, la proto-Tierra, sufrió un devastador impacto con Theia, planeta de aproximadamente el tamaño de Marte. Este impacto se habría dado hace 4.5 mil millones de años y fue de tal magnitud que pudo convertir en vapor elementos que usualmente no se encuentran de esta manera, como el potasio, el zinc y el sodio.

Tras esta colisión, casi toda la proto-Tierra y Theia se fundieron y se reformaron en un solo cuerpo, que es el que habitamos hoy en día. Por otro lado, la Luna se formó a partir de los escombros arrojados al espacio por este impacto. Pero ¿cómo sabemos que esto ocurrió realmente?
En realidad, no lo sabemos. Sin embargo, este escenario es el que calza mejor con la evidencia que hemos encontrado.
Primero, si la Luna hubiera sido un objeto espacial capturado por la Tierra, entonces la composición química de sus rocas y otros elementos tendría que ser diferente a los de la Tierra, como usualmente sucede con objetos formados en distintas partes del Sistema Solar.
Sin embargo, al analizar las muestras recogidas por la misión Apollo, observamos que su composición química es muy similar a la de nuestro planeta. ¿No sería entonces evidencia esto de que ambos se formaron juntos como lo sugería la teoría de la condensación?
Tampoco, ya que la composición química de la Luna es lo suficientemente diferente como para pensar que no se creó en conjunto con la Tierra o simplemente se partió de esta. De hecho, un reciente estudio publicado el 2020 en la revista Nature nos da más confianza en la hipótesis del impacto.
Este estudio encontró que, si comparamos las moléculas de oxígeno del interior de la Luna y las de su corteza con las moléculas de oxígeno de la Tierra, encontramos que, aquellas del interior de la Luna son químicamente más diferentes a las de la Tierra que aquellas que se encuentran en su corteza.
Esto es importante porque tras el impacto de Theia contra la Tierra, las partes de ambos planetas que más se hubieran mezclado se encontrarían en la superficie de la Luna, mientras que en su interior habría un poco más de Theia que de la Tierra.
En simple, esto significa que el interior de la Luna parece provenir de otra parte del Sistema Solar, mientras que su superficie es muy similar a la Tierra. Así, esto nos brinda más razones para pensar que efectivamente hubo un impacto entre la Tierra y un cuerpo externo a esta.
Por ello, actualmente la mayoría de científicos está de con esta teoría. Sin embargo, aún hay varias preguntas por resolver sobre el origen de la luna y el sistema solar.



