Imagina que el mundo que ves, oyes y sientes es solo una ilusión creada por una máquina que controla tu mente sin que lo sepas. ¿Cómo podrías distinguir entre lo real y lo virtual? ¿Cómo podría saber si tu mundo es falso? Aunque parezca descabellado, estas preguntas fueron clave en el desarrollo de la ciencia. A continuación, te lo explicamos.
¿Qué tiene que ver la ciencia con la idea de que el mundo puede ser una ilusión? Para entender la respuesta a esta pregunta, primero debemos conocer un poco de la historia de la ciencia.
La disciplina que hoy conocemos como ciencia fue el resultado de una larga evolución del pensamiento occidental. Su origen se remonta a la Grecia clásica, cuando algunos pensadores de dicha época se preguntaron por el origen del mundo y trataron de darle una respuesta racional a dicha interrogante.
Sin embargo, su origen más directo se encuentra en la modernidad, el periodo que va desde el siglo XVII al XIX. Filósofos como Francis Bacon, Galileo Galilei, Isaac Newton y René Descartes fueron, probablemente, los padres de lo que hoy conocemos como ciencia. De hecho, este último será de suma importancia para esta historia.
En esa época, el concepto más aceptado de ciencia era la escolástica, una corriente filosófica que nació durante la época medieval a partir de los textos de Aristóteles. Muchos pensadores modernos trataron de separarse de esta corriente, ya que la consideraban una barrera para poder conseguir un verdadero conocimiento. Una de las críticas a la escolástica es que esta se basaba muchas veces en presupuestos filosóficos no comprobados.
Así, una de las principales metas de los pensadores modernos fue dotar a la ciencia de principios seguros y un método adecuado para poder alcanzar conocimiento verdadero acerca del mundo: una tarea que Descartes se propuso realizar en sus Meditaciones Metafísicas. Pero ¿cómo encontrar estos principios?
Para Descartes, el conocimiento, lo que él llamaba scientia, en latín, no era otra cosa que una creencia perfecta: una creencia de la que no se puede dudar. Esto es lo que diferenciaba verdaderamente a la ciencia de cualquier otra creencia.
Esta idea fue la que marcó el rumbo del método de Descartes. Para encontrar un conocimiento perfecto, un conocimiento científico, debemos encontrar aquello de lo que no se puede dudar o que se derive de un conocimiento de esta naturaleza. Así, la búsqueda de las bases sólidas de la ciencia empezaría con la búsqueda de aquello de lo que no se puede dudar.
Tomate un momento para pensar en esto. ¿Cuál es tu conocimiento más seguro? (…) ¿Lo encontraste? Evaluemos algunas opciones juntos.
Consideremos primero nuestros conocimientos más antiguos; aquellos que usamos todos los días, como el conocimiento sobre nuestro nombre, el nombre de nuestros padres o el nombre de nuestro país.
¿Es posible dudar de estos conocimientos? Pues, sí. ¿Qué tal si toda nuestra vida hemos vivido engañados? ¿Qué tal si nuestros padres, pareja y amigos no son más que actores contratados por una institución para engañarnos sobre todos estos conocimientos básicos que tenemos?
Así, si bien nuestro nombre o lugar donde nacimos son conocimientos que consideramos seguros, no son conocimientos de los que no es posible dudar. Obviamente, este tipo de duda es exagerada, pero al fin y al cabo es posible dudar de estas creencias. No es una certeza 100% segura.
Vayamos ahora un poco más allá. ¿Qué tal si consideramos este preciso momento? Ahora mismo, estás viendo este video y escuchando estas palabras. Si levantas tu mirada, verás el mundo que te rodea. Tal vez estás solo, o acompañado. ¿Podrías dudar de lo que te dicen tus sentidos en este instante? ¿Podrías dudar de que en este momento tienes una pantalla delante? ¿De que es de día o de noche? ¿De que estás echado, sentado o parado? Según Descartes, sí.
Para introducir esta duda, Descartes utiliza la idea de los sueños. Cuando soñamos, vemos cosas, oímos personas e incluso podemos imaginar sensaciones complejas, como el dolor. Así, todo lo que está a nuestro alrededor podría no ser más que el producto de un sueño.
Pero ¿acaso no podemos saber cuándo estamos dormidos? Pues no. De hecho, es bastante común soñar que nos despertamos para luego descubrir que aún seguíamos dormidos. Esto sucede porque cualquier cosa que podemos experimentar estando despiertos, también la podemos imaginar en los sueños. Ahora, si no te convence el argumento del sueño, hoy tenemos un paralelo más convincente: la idea de que nuestro mundo no es más que una realidad virtual. Esta idea, explorada en películas como The Matrix, nos invita a pensar que todo lo que vemos es un mundo virtual construido para nosotros.
Nuestras percepciones, como aquello que vemos, escuchamos o sentimos podrían ser impulsos eléctricos transmitidos a nuestro cerebro por un cable. Después de todo, las sensaciones no son nada más que eso: un conjunto de impulsos eléctricos y químicos que nuestro cerebro interpreta como una imagen, un sonido o una sensación. Así, todo lo que está a nuestro alrededor, incluyendo nuestros padres y amigos, podrían ser parte de una simulación.
Pero la idea del sueño (o la realidad virtual) no solo cierne dudas sobre el conocimiento que tenemos sobre este momento, sino sobre todas nuestras creencias. Después de todo, no solo es posible que en este momento estemos dormidos, sino que también es posible que toda nuestra vida haya sido un sueño.
Incluso cosas como las verdades matemáticas podrían no ser más que componentes de un sueño. En este momento, la afirmación “uno más uno es igual a dos” parece tener todo el sentido del mundo. Sin embargo, en los sueños, muchas cosas parecen tener sentido cuando en realidad no las tienen. Si no nos crees, intenta demostrar que uno más uno es dos, más allá de solo escribir estos símbolos que ves en pantalla.
Así, la idea del sueño o de la realidad virtual destruye toda seguridad de nuestras creencias acerca del mundo y las personas que nos rodean. Como dirían algunos filósofos hoy en día, tal vez solo somos un cerebro en una batea que imagina que vive en un mundo con estrellas, planetas y personas.
Pero entonces ¿no podemos estar seguros de que el mundo existe? Hasta el día de hoy esta pregunta no ha podido ser resuelta. De hecho, muchos académicos de distintas áreas creen que esta puede ser una posibilidad.
Ahora, aunque muchos pensadores actuales creen que nunca podremos saber si esta vida no es más que una simulación, Descartes pensaba lo contrario. En sus Meditaciones Metafísicas, este reconocido filósofo reconstruyó poco a poco nuestra confianza en el mundo y las matemáticas, ambos componentes fundamentales para la existencia de la ciencia.



