El economista norteamericano y ganador del premio nobel en economía, Milton Friedman, mencionó en 1977, lo siguiente. «Nosotros, los economistas, no sabemos mucho, pero sí sabemos cómo producir una escasez. Por ejemplo, si quieres crear una escasez de tomates, solo debes aprobar una ley que prohíba vender tomates a más de dos centavos por libra. Esto mismo se cumple para el petróleo o el gas».
A esta clase de políticas, en las que se fija un precio a un producto se les llama control de precios. Hoy, la gran mayoría de economistas está en contra de ellas, ya que suelen causar grandes estragos en la economía e incluso suelen perjudicar a aquellos a quienes se busca ayudar con el control de precios. Pero ¿por qué sucede esto? A continuación te lo contamos.
Para responder a la pregunta de por qué el control de precios es perjudicia nos remitiremos a dos fuentes. Por un lado, tenemos lo que nos dice la teoría económica. Por otro, tenemos casos que muestran cómo el control de precios no solo no ha funcionado, sino que muchas veces termina perjudicando a quienes se busca ayudar con esta clase de políticas. Veamos, entonces, qué nos dicen estas fuentes.
Este gráfico representa la oferta y la demanda de un kilo de papa. La línea diagonal roja hacia abajo representa la demanda del medicamento. Por otro lado, la línea verde hacia arriba representa su oferta.
La demanda representa la cantidad de un bien o servicio que las personas están dispuestas a comprar por un precio determinado. Por ejemplo, de acuerdo con nuestro gráfico, 6 personas están dispuestas a comprar el kilo de papas por 5 dólares. Si su precio baja a 4 dólares, entonces 7 personas estarán dispuestas a comprar dicho producto.
En contraste, la oferta nos dice cuánto de un bien es conveniente ofrecer en el mercado por un precio determinado. Por ejemplo, por 5 dólares, a los vendedores les conviene ofrecer solo 4 kilos de papa, y por 7 dólares, les conviene ofrecer 6. Acá, cabe hacer hincapié en la palabra «conviene». Si bien el precio de un bien depende de su demanda, también depende de sus costos. Así, si el precio de un producto baja mucho, podría resultar poco o nada rentable su producción. Si la venta de un producto no resulta rentable, entonces no le conviene a nadie producirlo.
Ahora, el punto en el que la curva de la demanda y la oferta se cruzan se llama punto de equilibrio y representa la situación en la que la cantidad ofertada de un bien es equivalente a su cantidad demandada. En simple, este punto nos muestra cuánto de un bien o servicio se debe producir y a qué precio para que este coincida con su demanda.
Esta relación entre precio, cantidad demandada y cantidad ofertada es una de las más importantes de la economía. Cuando la demanda o la oferta cambian, el punto de equilibrio también cambia y, con esto, el precio de los productos. Por ejemplo, cuando un bien es más escaso, su oferta se reduce, en consecuencia el precio de equilibrio aumenta.
Veamos ahora qué ocurre cuando un gobierno intenta poner un máximo precio o mínimo a un bien o servicio. Imaginemos que, por alguna razón, el gobierno decide establecer en 5 dólares el precio máximo de nuestro medicamento. En realidad, no importa mucho la razón, sino más bien cuál es la consecuencia de establecer un precio máximo.
A este tipo de políticas se les llama establecer techos a los precios. Como vemos en el gráfico, el techo al precio de nuestro kilo de papa está por debajo del punto de equilibrio. Esto significa que su precio es menor a aquel en el que la oferta se iguala a la demanda y esto trae consecuencias.
A un precio de 5 dólares, a los productores solo les conviene producir 4 unidades de medicamentos. Sin embargo, a este precio, la demanda del medicamento se incrementa a 6 unidades. Esto quiere decir que en el mercado faltarían dos kilos de papa para cumplir con la demanda. En otras palabras, tenemos una escasez: no habrá suficientes papas para la cantidad de personas dispuestas a pagar por ella.
En nuestro ejemplo hipotético esto no suena muy grave, pero imagina que se trata de un medicamento que evita que una enfermedad peligrosa, como el VIH o el Parkinson, siga su avance. Al haber escasez, no todas las personas podrán comprar la medicina que necesitan.
Lo peor es que la necesidad por dicha medicina no desaparecerá. Así, lo más probable, es que surja un mercado negro de nuestro medicamento. Al no haber suficientes medicamentos para todos, habrán personas dispuestas a pagar más por este medicamento, así como también personas que comprarán el medicamento para venderlo a un precio más elevado. De hecho, esto es lo que sucede con cosas como la reventa de entradas a los conciertos o con ciertos productos tecnológicos muy esperados.
Pero ¿qué nos dice la experiencia? ¿Realmente causan escasez los techos a los precios? De hecho, sí. Un ejemplo fue la crisis del petróleo de 1973 en los Estados Unidos, durante la cual hubo una escasez generalizada de combustibles, que afectó, tanto al público americano, como a su economía.
Esta escasez fue consecuencia de dos sucesos. El primero fue un embargo de petróleo impuesto por la Organización de Países Árabes Exportadores de Petróleo a los Estados Unidos por su apoyo a Israel durante la cuarta guerra árabe-israelí. Como consecuencia de este embargo, el precio del petróleo se elevó dramáticamente, llevando a que el gobierno americano imponga un precio máximo sobre el combustible, tratando así de proteger al público americano. Sin embargo, esta política terminó causando una escasez generalizada que afectó, tanto a los ciudadanos, como a la economía estadounidense.
Así, establecer techos o precios máximos puede acarrear consecuencias negativas, incluso cuando se busca proteger a los ciudadanos de un aumento de precios. ¿Y qué sucede cuando se establecen precios mínimos? Veamos qué nos dicen las curvas de la oferta y la demanda.
Digamos ahora que el gobierno decide establecer un precio mínimo de 7 dólares. Nuevamente, no importa mucho la razón. Lo importante es que se establece esta especie de piso en el precio de nuestro kilo de papas.
Como vemos, ahora el punto de equilibrio se encuentra por debajo del piso establecido por el gobierno de 7 dólares. En este caso, tenemos una situación inversa a la del caso anterior. En esta situación a los productores les conviene producir 6 unidades de nuestro medicamento. Sin embargo, a este precio, solo hay una demanda de 4 en el mercado. Así, habrá un exceso de producción de 2 unidades. Algo que obviamente no le conviene a los productores.
Esto no suena tan grave como una escasez. Sin embargo, dichas políticas sí pueden afectar a las personas, incluso a aquellas a quienes se busca proteger. Una de las formas más comunes de control de precio son las políticas de establecimientos de sueldos mínimos. En estos casos, se establece un piso al precio del empleo para beneficiar a aquellos que tienen los salarios más bajos y poder mejorar sus estándares de vida. Sin embargo, esto muchas veces termina perjudicándolos. Pero ¿por qué sucede esto? Veamos.
Lo primero que debemos entender es que el mercado laboral no es diferente al mercado de un producto. Así como en un mercado convencional hay vendedores y compradores, en el mercado de trabajo las personas venden su trabajo a empresas que los contratan. En otras palabras, las empresas compran el trabajo de las personas. Así, cuando tenemos un exceso de oferta laboral, lo que realmente sucede es que hay personas que ofrecen su trabajo, pero nadie está dispuesto a comprarlo por el precio que lo ofrece. En otras palabras, hay desempleo. Pero ¿esto sucede en la vida real? De hecho, sí.
De acuerdo con Gregory Mankiw, profesor de economía en la Universidad de Harvard, desde 1938, Estados Unidos cuenta con leyes de salario mínimo. Asimismo, casi todas las naciones europeas tienen leyes que establecen un salario mínimo para los trabajadores. Sin embargo, como él explica, esto no necesariamente se traduce en un beneficio.
En EEUU, las personas menos capacitadas son usualmente los adolescentes. En ese sentido, la hipótesis usual que respalda al incremento del salario mínimo es que esto produciría una mejora económica en estos grupos. Sin embargo, esto no ocurre. Mankiw afirma que la mayoría de estudios realizados hasta la fecha encuentran que un 10% de aumento del salario mínimo decrece el empleo de adolescentes hasta en un 3%.
Esto ocurre porque los empleadores actúan de la misma manera que una persona cuando va al mercado. Si un producto es demasiado caro para el beneficio que le trae, entonces elegirá no comprarlo. Así, a pesar de intentar beneficiar a aquellos menos capacitados, en la práctica, las políticas de sueldos mínimos suelen generar situaciones de desempleo, especialmente en aquellos menos capacitados, que son los que se busca proteger con esta clase de políticas.
Estas son algunas de las razones por las cuales los economistas están en contra del control de precios. Como vemos, poner tanto límites máximos o mínimos a los precios, puede perjudicar tanto a los consumidores, cuando hay escasez de productos, como a los productores, como cuando hay un exceso de oferta. Además, a pesar de buscar proteger a las personas, estas políticas terminan perjudicando a aquellos que buscan proteger.



