Aunque no lo creas, cuando miramos por un telescopio objetos como la Luna o Júpiter, no estamos viendo cómo son en el presente, sino cómo fueron en el pasado. Mientras más lejos veamos, también veremos más atrás en el tiempo. Pero ¿por qué ocurre esto? A continuación, te lo contamos.
No cabe duda de que sentidos como la vista o el oído nos brindan información sobre el mundo. Sin embargo, como afirma Michael J. I. Brown, profesor asociado de la Universidad de Monash, inevitablemente nos brindan información sobre el pasado y no el presente.
Esto ocurre porque la información debe viajar hasta nuestros oídos y ojos, para que esta pueda ser captada. Por ejemplo, cuando vemos un relámpago es usual que poco después escuchemos el sonido del trueno. ¿Por qué? Porque el sonido tarda más en llegar a nosotros que la luz. La velocidad del sonido es de 344 m/s, mientras que la de la luz es mucho mayor. Es de casi 300 millones de metros por segundo.
Esto significa que, cuando escuchamos y vemos el rayo, no estamos oyendo ni viéndolo mientras sucede, sino unos instantes después. En nuestra vida diaria no nos damos cuenta porque el sonido y la luz se mueven muy rápido y las cosas no están tan lejos de nosotros. Sin embargo, en la escala cósmica esto sí tiene consecuencias dramáticas.
Por ejemplo, cuando vemos al Sol, lo vemos como fue hace 8 minutos, ya que es lo que demoró su luz en llegar a la Tierra. Cuando vemos a Júpiter, lo vemos como fue hace 30 minutos y cuando vemos a la galaxia de Andrómeda, la galaxia mayor más cercana a la Tierra, la vemos como fue hace 2.5 millones de años.
Así, nuestra percepción del universo está inevitablemente atada a lo que tarda la luz en llegar a nosotros. Pero ¿por qué depende de la luz y no del sonido u otras señales?
Porque de acuerdo con Don Lincoln, físico del Laboratorio Fermi de los Estados Unidos y descubridor del Top quark, no hay nada que viaje más rápido que la luz. Además, incluso señales como las microondas o los rayos infrarrojos, que a veces son usados para observar el universo, son luz, aunque nuestros ojos no la pueden captar.
Así, dada la importancia de la luz en la observación del universo, los científicos han creado una escala de distancia llamada «el año luz», que equivale a lo que viaja la luz en un año. Es este número enorme de kilómetros que ves en pantalla.
Como te hemos contado en otro video que puedes encontrar en la descripción, esta unidad es conveniente porque nos permite acortar grandes cifras. Por ejemplo, la galaxia Andrómeda está a esta distancia en kilómetros de la Tierra; un número con más de 15 ceros. Esto lo podemos simplificar a solo 2.5 millones de años luz de distancia.
Sin embargo, hay otra razón por la que usar años luz es conveniente. Nos recuerda qué tan en el pasado estamos viendo. Si decimos que Andrómeda está a 2.5 millones de años luz, entonces también estamos diciendo que la luz que nos llega ha viajado por 2.5 millones años antes de llegar a la Tierra. Por ello, cuando observamos a esta galaxia, la vemos como fue hace 2.5 millones de años.
Así, a medida que vemos más lejos en el universo vemos más hacia el pasado. De hecho, como afirma Lincoln, incluso podemos ver luz que fue emitida unos cuantos años después del Big bang, el momento en el que inició nuestro universo.
Como él explica, hace 13.7 mil millones de años, el Big bang dio inicio a nuestro universo. Después de unos años, el universo se llenó de luz y hoy podemos ver esa luz cuando apuntamos nuestros telescopios al espacio en cualquier dirección. A esta luz, la llamamos Radiación de fondo de microondas o CMB por sus siglas en inglés. Según Lincoln, esta luz es como una fotografía del nacimiento del universo y es lo más antiguo que podemos ver en el firmamento.
De esta manera, mirar al firmamento es una ventana a nuestro pasado y nos permite estudiar al universo cuando este era más jóven.



