Usualmente, relacionamos la fiebre con enfermedades infecciosas graves, como aquellas causadas por bacterias, como la salmonela, o por virus, como el COVID-19 o la influenza. Para muchos, la fiebre es un signo de que algo anda especialmente mal y la percibimos como un estado peligroso que debe ser tratado antes de que sea demasiado tarde. Después de todo, es común escuchar que fiebres muy altas pueden poner la vida en riesgo.
Sin embargo, ¿alguna vez te has puesto a pensar por qué sucede la fiebre? Dado que la relacionamos a infecciones por microorganismos, no es raro pensar que esta es causada por invasores que entran en nuestro cuerpo. Sin embargo, aunque no lo creas, la fiebre es un mecanismo de defensa de nuestro organismo y frenarla puede no ser siempre lo mejor. Pero ¿por qué ocurre y cuál es su función? Veamos.
La fiebre o pirexia es una elevación de la temperatura central del cuerpo. La temperatura central o core temperature, en inglés, es la temperatura de los órganos vitales del cuerpo, como el corazón, los pulmones y el cerebro.
Las células de nuestros tejidos están optimizadas para trabajar a cierta temperatura, que es alrededor de 36.5 a 37.5°C. Nuestro cuerpo se encarga de mantener esta temperatura por medio de un mecanismo conocido como termorregulación. Si la temperatura central se sale de este rango, entonces nuestras células no trabajarán tan eficientemente o, si el cambio es muy dramático, morirán. Esta es la razón por la que llegar a temperaturas que sobrepasen los 40°C pueden ser peligrosas.
En esto, nuestro cuerpo se parece mucho a nuestros dispositivos electrónicos o computadoras. Así como nuestras células, las computadoras y celulares tienen una temperatura óptima para funcionar. Cuando les exigimos demasiado, como cuando jugamos juegos muy demandantes o procesamos videos de muy alta definición, estos tienden a calentarse y su rendimiento disminuye. Probablemente, escucharemos los ventiladores sonando más fuerte y nuestros programas se empezarán a colgar o correrán más lento. Por último, si ejercemos demasiada presión sobre sus componentes, se malograrán.
Las células son similares. Si estas se salen de sus temperaturas óptimas, su rendimiento disminuirá y, si la presión es demasiada, morirán. Pero esto también es verdad para otros microorganismos, como las bacterias y los virus. Así como nuestras células y nuestros dispositivos, estos tienen un rango óptimo de temperatura donde se sienten cómodos. Si esta cambia, entonces dejarán de funcionar eficientemente e, incluso, pueden morir.
Así, la fiebre es como una especie de inversión en defensa. El organismo pierde recursos importantes por un lapso de tiempo, con el fin de eliminar a los invasores rápidamente. La fiebre no solo afecta el rendimiento de nuestro organismo, sino que también necesita mucha energía. De hecho, se estima que el cuerpo consume un 10% más de calorías cuando uno está con fiebre. Sin embargo, este desgaste y consumo puede ser positivo, especialmente durante una infección vírica.
Los virus son organismos que dependen de nuestras células para multiplicarse. Las invaden y secuestran su maquinaria interna para producir múltiples copias de sí mismos. Una vez que se han replicado lo suficiente, los virus rompen las células desde el interior y se liberan, listos para infectar otras células y repetir el ciclo.
El aumento de temperatura nos ayuda porque genera que las células infectadas trabajen peor para los invasores. Pero hay un segundo sentido en el que la fiebre nos beneficia. Así como la mayoría de nuestras células están cómodas trabajando en una temperatura que rodea los 36 o 37 grados, las células de nuestro sistema inmune trabaja mejor en rangos de temperaturas mayores.
Las temperaturas febriles fortalecen varias funciones del sistema inmunológico, como su traslado por el cuerpo, la capacidad de «ingerir» patógenos y la producción de sustancias reactivas dañinas para los invasores. Además, la fiebre mejora el funcionamiento de algunas células de defensa, como las asesinas naturales, las células dendríticas y los linfocitos.
Así, la fiebre no solo es una incómoda elevación de la temperatura de nuestro cuerpo, sino un mecanismo moldeado por la evolución. Un mecanismo que no solo genera inmensas presiones sobre los invasores de nuestro cuerpo, sino que, al mismo tiempo, optimiza nuestra capacidad de defensa.
Ahora, si bien aún no conocemos todos los mecanismos por los que la fiebre nos ayuda, sí tenemos evidencia de sus beneficios. Por ejemplo, en estudios realizados en Suecia y Dinamarca con más de 2,000 pacientes cada uno, la fiebre fue asociada con una menor mortalidad ante infecciones severas. Otro estudio, realizado durante la pandemia por el COVID-19, asoció las temperaturas mayores a 39°C con mejores tasas de supervivencia a esta enfermedad.
En contraste, estudios sobre la reducción de fiebre en infecciones severas han mostrado resultados opuestos. Por ejemplo, un estudio del 2012, encontró que en más de 269,000 pacientes con infecciones en unidades de cuidados intensivos en Nueva Zelanda y Australia, las personas con temperaturas corporales más bajas tenían una tasa de mortalidad más alta. Este mismo resultado se observó en otro grupo de más de 366,000 pacientes en el Reino Unido.
Asimismo, un meta-análisis del 2019 de ensayos controlados aleatorios que comparó el tratamiento agresivo de la fiebre con los cuidados habituales no encontró ningún beneficio en la supervivencia al reducir la fiebre de forma agresiva.
En conjunto, la evidencia sugiere que la fiebre es un mecanismo inmunológico importante que desarrollaron algunos animales vertebrados, como los mamíferos y las aves, para combatir infecciones por microorganismos. Y, así como la fiebre, otros animales usan otros mecanismos de control de la temperatura para luchar contra invasores. Por ejemplo, los lagartos exponen sus cuerpos al sol cuando sufren una infección y los peces tienen a nadar a aguas más superficiales y calientes.
Entonces, ¿no es bueno tratar la fiebre? La respuesta es… depende. Si esta no es muy alta, lo mejor es dejar que siga su curso. Sin embargo, las fiebres mayores de 40 grados sí pueden ser peligrosas. En estos casos el mejor curso de acción será probablemente tratarla. Sin embargo, si tienes fiebre y esta se está acercando a esta temperatura, lo mejor es que consultes con un profesional de la salud. Son ellos quienes están mejor capacitados para recomendarte el mejor curso de acción.
Así, la fiebre no es un síntoma causado por ciertas enfermedades, sino, más bien, un mecanismo de defensa de nuestro propio cuerpo. Este mecanismo no solo interfiere con el funcionamiento de los invasores de nuestro organismo, sino que también mejora el funcionamiento de nuestro sistema inmune.



