Empecemos por contextualizar mejor el suceso. En diciembre del 2024, un equipo de científicos reportó el avistamiento de un asteroide no conocido. Este avistamiento se dio gracias a un telescopio ubicado en Chile que forma parte del Sistema de Última Alerta de Impacto Terrestre de Asteroides o ATLAS por sus siglas en inglés. En simple, esta es una red de telescopios alrededor de la Tierra que monitorea permanentemente los cielos nocturnos para detectar cualquier posible impacto antes de tiempo.
Como te contamos en un video , los asteroides son remanentes rocosos que quedaron tras la formación de nuestro sistema solar hace más de cuatro mil millones de años. Actualmente, conocemos de la existencia de casi un millón de asteroides, aunque con seguridad hay muchos más.
La NASA tiene tres clasificaciones de acuerdo con su posición en el espacio: aquellos en el cinturón de asteroides, los troyanos, que comparten órbitas con otros planetas, principalmente Júpiter, y los asteroides cercanos a la tierra (NEAs por sus siglas en inglés). Los NEAs tienen órbitas cercanas a nuestro planeta e incluso algunos cruzan su camino con el nuestro (lo que implica un posible impacto).
El 2024 YR4, el asteroide de nuestra historia, es un NEA, lo que significa que potencialmente podría en algún momento chocarse con la Tierra. Dada esta posibilidad, los científicos empezaron a estudiarlo para saber si este representaba un peligro o no.
Entonces, ¿alguna vez fue realmente peligroso? ¿Por qué ya no vemos nuevas noticias sobre el 2024 YR4? ¿Los medios simplemente dejaron de darle importancia o es que nunca representó un peligro? Para responder esta pregunta, tenemos que entender qué necesitan los astrónomos para predecir el comportamiento de los objetos en el espacio.
Saber a ciencia cierta qué camino exacto seguirá una roca espacial no es algo fácil. Para ello, es necesario tener un conjunto de datos, como la forma del objeto, su composición, su tamaño y su reflectividad. Por ejemplo, la reflectividad y el tamaño nos ayuda a predecir cómo interactúa un objeto con la radiación solar. Esto es importante porque dicha interacción puede afectar su trayectoria por el espacio. Así, este tipo de medidas son muy relevantes para poder predecir su comportamiento. Si no tenemos estos datos o, si los tenemos incompletos, es difícil predecir cómo se moverá un cuerpo por el espacio.
Esto último es lo que sucedió con el 2024 YR4. Al ser descubierto recientemente, no teníamos datos suficientes y lo peor es que sus imágenes no nos daban mucha información por dos razones. La primera es que este asteroide no es tan grande. Mide entre unos 40 y 90 metros de diámetro, por lo que sus imágenes eran muy difusas.
Por otro lado, en los meses de enero y febrero, el brillo de la Luna era muy intenso, por lo que tampoco podíamos captar con certeza las características de nuestro asteroide. Todo esto causaba mucha incertidumbre con respecto a la trayectoria que seguiría en los próximos años.
Al no tener datos suficientes, los científicos hicieron estimaciones del recorrido del 2024 YR4. Sin embargo, estas estimaciones tenían un alto grado de incertidumbre. A medida que se obtenían más observaciones y se refinaban los cálculos, los astrónomos podían determinar con mayor precisión su órbita. En los primeros días tras su descubrimiento, algunas trayectorias posibles indicaban un posible impacto con la Tierra, lo que generó preocupación en la comunidad científica y en los medios de comunicación. Pero los astrónomos sabían que, como ha ocurrido con otros asteroides, era probable que este riesgo inicial cambiaría con el tiempo y una mayor cantidad de datos.
Así, el 6 de febrero del 2025, la Agencia Espacial Europea o ESA emitió una nota en donde informó que, según los cálculos más recientes, el asteroide 2024 YR4 tenía un 1.8% de probabilidad de impactar la Tierra el 22 de diciembre de 2032. Este valor representaba un aumento respecto a una estimación anterior de fines de enero que establecía esta en un 1.2%.
Con la nota, la ESA publicó una imagen que ilustraba 500 posibles trayectorias del asteroide. Algunas de estas se cruzaban con la Tierra. Ahora, lo interesante es que la institución advirtió que, en los días siguientes, la probabilidad de impacto aumentaría antes de empezar a disminuir. Así, el 18 de febrero, la probabilidad de impacto se actualizó a un 3.1%, la más alta que ha alcanzado un objeto de este tamaño en riesgo de chocar con la Tierra. Este es el momento en el que los medios sacaron titulares de un posible impacto. Sin embargo, al poco tiempo empezó a disminuir.
Actualmente, no hay razones para preocuparse. Esta es la razón por la cual los medios dejaron de prestarle importancia. Ahora, dado que a muchos nos gusta ponernos en el peor de los escenarios (incluso cuando estos son casi imposibles), podríamos preguntarnos ¿qué pasaría si nos equivocamos y el 2024 YR4 sí se estrella contra nosotros?
Nuestro asteroide tiene un tamaño estimado de 40 a 90 metros de diámetro y, según el astrofísico Neil deGrasse Tyson, podría viajar a una velocidad de 20 a 50 kilómetros por segundo. Con estas dimensiones y velocidad, el impacto generaría una explosión equivalente a 8 a 10 megatones de energía, algo comparable a varias veces la potencia de la bomba de Hiroshima.
Esto suena preocupante. Sin embargo, durante la guerra fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética, los seres humanos explotamos bombas con un poder equivalente en el océano, la tierra y el aire en pruebas nucleares.
Asimismo, como explica Tyson, la mayor parte de la superficie terrestre es agua y la mayoría de la Tierra no está habitada. Así, incluso si el asteroide nos golpea, lo más probable es que no dañe a nadie.
De hecho, en los tiempos modernos ya hemos recibido un impacto de similares magnitudes. En 1908, un asteroide de unos 50 a 60 metros impactó en la región de Tunguska, en Rusia, devastando vastas áreas de bosques. Si bien algunos testigos mencionan que pudieron haber al menos 3 muertos, ninguna pérdida humana fue confirmada.
Por último, cabe resaltar que los seres humanos ya hemos realizado pruebas exitosas para cambiar la órbita de objetos espaciales. El 26 de septiembre de 2022, la nave DART colisionó exitosamente con un asteroide de 160 metros de diámetro llamado Dimorphos, cambiando su trayectoria alrededor de otro asteroide y demostrando que es posible desviar rocas espaciales peligrosas para la Tierra.
Así, incluso si el 2024 YR4 fuera a estrellarse con nuestro planeta el 2032, tenemos medios para evitar que esto suceda, por lo que no hay razón para estar preocupados. Y tú, ¿crees que debemos temer a otros objetos espaciales?



