El índice de masa corporal o IMC es una de las medidas más usadas hoy en día para determinar la salud de una persona. Sin embargo, muchos expertos resaltan la necesidad de encontrar una alternativa al IMC, ya que este presenta limitaciones importantes. ¿Pero cuáles son estas? A continuación, te lo contamos.
El IMC es una magnitud que se obtiene tras dividir el peso en kilogramos de una persona por su altura en metros al cuadrado. Después de obtener el resultado, este se compara con una escala para determinar si la persona se encuentra en un nivel adecuado de peso, si tiene sobrepeso u obesidad o si está desnutrida.
Por ejemplo, digamos que Pedro mide 1.7 metros y pesa 70 kilos. Si aplicamos la fórmula, obtendremos que este tiene un IMC de 24.22. Al compararlo con nuestra tabla vemos que Pedro se encuentra en un rango normal de peso.
Este simple procedimiento matemático es una forma rápida, accesible y de costo bajo para determinar si una persona se encuentra en un rango de peso saludable o no. Pero ¿por qué este resultado es importante?
Porque, como te lo contamos en nuestro video sobre la obesidad, diversos estudios han relacionado el sobrepeso y la obesidad con una serie de condiciones de salud graves como la diabetes tipo 2, problemas cardiovasculares, asma, exceso de colesterol en la sangre, enfermedades del hígado y riñón, y ciertos tipos de cáncer. Asimismo, el estudio Global Burden of Disease del 2017 determinó que la obesidad estuvo relacionada, ya sea directa o indirectamente, con 4.72 millones de muertes. Esto es alrededor del 8% de todas las muertes.
Así, el IMC es una medida que ayuda a los profesionales de salud a determinar si un paciente debe cambiar su estilo de vida. Por ejemplo, un estudio del 2017 a personas con un promedio de edad de alrededor de 38 años, estimó que aquellas personas con un IMC de 30 a 34 tenían 1.5 mayores chances de morir dentro de los siguientes 30 años que las personas con peso normal, y las personas con un IMC mayor tenían más del doble de estas probabilidades de muerte.
Adicionalmente, un estudio del 2014 determinó que las personas en la categoría de obesidad tenían un incremento de 20% de riesgo de muerte por cualquier causa. Estos no son los únicos estudios que han vinculado un IMC alto con el riesgo de muerte u otras condiciones de salud. Si quieres saber más sobre ellos, puedes revisar los links en la descripción.
A pesar de lo anterior, hay quienes argumentan que se debería dejar de usar el IMC como una forma de evaluar la salud corporal de las personas. Por ejemplo, en junio del 2023, la Asociación Médica Estadounidense (o AMA por sus siglas), una de las asociaciones de médicos estadounidenses más importantes, emitió un comunicado instando a los médicos a dejar de usar exclusivamente el IMC para diagnosticar obesidad. Pero ¿cuáles son los problemas con esta medida? Veamos.
El IMC fue inventado hace aproximadamente 200 años por un matemático belga llamado Adolphe Quetelet. Quetelet quiso crear una forma rápida y sencilla de calcular la composición corporal de la sociedad. En otras palabras, el IMC no fue creado para medir la salud de los individuos o si se encontraban en un peso adecuado. De hecho, la medida quedó olvidada y fue recién recuperada en la década de los 90s ante el aumento de la obesidad en el mundo.
Sin embargo, el IMC fue pensado para analizar a hombres europeos blancos y no toma en cuenta que la grasa corporal de las personas varía dependiendo del sexo, la edad, la raza y la etnicidad.
Por ejemplo, numerosos estudios han encontrado que las poblaciones asiáticas tienen mayores riesgos en comparación con la población blanca con cortes más bajos del IMC. De hecho, la Organización Mundial de la Salud publicó una escala diferente para esta población con rangos de obesidad y sobrepeso más bajos. Así, mientras que un europeo con un IMC de 24 se encuentra en un rango adecuado, una persona de la población asiática tendría sobrepeso.
Una situación inversa sucede con las personas afroamericanas. Diversos estudios han encontrado que muchas veces individuos de esta población han sido catalogados erróneamente con sobrepeso, cuando se encontraban en un nivel saludable de grasa corporal.
Otro problema del IMC es que no toma en cuenta la proporción de grasa y músculos en el cuerpo. Los problemas de salud relacionados con el sobrepeso y la obesidad están relacionados a la grasa corporal. Sin embargo, el IMC no puede diferenciar entre un kilo de músculos y un kilo de grasa.
Un atleta con mucha más musculatura que grasa puede clasificar como una persona con sobrepeso u obesidad de acuerdo con el IMC, a pesar de encontrarse en niveles adecuados de grasa corporal.
Adicionalmente, a medida que las personas envejecen sus niveles de grasa aumentan naturalmente, mientras que sus niveles de músculo decrecen. Este es un proceso normal y algunos estudios han encontrado que un IMC de 23.0 a 29.9 puede proteger a adultos mayores de algunas enfermedades y la muerte, a pesar de que este rango se encuentra en los niveles de sobrepeso.
Un tercer problema con el IMC es que no toma en cuenta dónde se encuentra almacenada la grasa. Aquellas personas con grasa acumulada en el área del estómago tienen un mayor riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, del hígado o diabetes en comparación de aquellas con grasa acumulada en otras áreas como las caderas, glúteos y muslos.
Bryn Austin, profesora del Departamento de Ciencias Sociales y Conductuales de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, usa una metáfora similar a la siguiente para explicar las limitaciones de este indicador.
Imagina que eres un médico y se acerca a ti un vendedor que te ofrece un nuevo dispositivo para medir la salud de tus pacientes. Para convencerte, el vendedor te dice que este dispositivo no es tan bueno como otros que tienes, funciona mal para gente de avanzada edad, atletas y poblaciones diferentes a la europea. Sin embargo, es barato y fácil de usar. ¿Lo comprarías? De acuerdo con Austin, la respuesta sensata es que obviamente no. Sin embargo, muchos profesionales de la salud de todo el mundo lo usan sin cuestionar sus limitaciones.
Pero ¿qué alternativas tenemos? La ventaja del IMC es que es una medida fácil y rápida de usar. Sin embargo, de acuerdo a instituciones como la AMA, debe complementarse con otras como mediciones de la grasa visceral, circunferencia de la cintura, composición corporal y factores genéticos, metabólicos y otros exámenes.
Así, si bien el IMC es una medida fácil y de bajo costo, esta debe ser complementada con otras medidas y exámenes para tener un panorama completo de la salud del paciente. ¿Y tú crees que pronto encontraremos una alternativa más efectiva que el IMC?



