Guerras. Invasiones no provocadas. Ataques terroristas y homicidios perpetrados por el crimen organizado. Cada día, un nuevo titular nos recuerda que la violencia está ahí. Y tal vez te has preguntado: ¿estamos viviendo en una era más peligrosa? ¿El mundo es ahora más violento que antes? Es tiempo de enterarse.
Para responder esta pregunta, debemos comprender algo: la violencia siempre ha estado con nosotros. No es un fenómeno nuevo, ni exclusivo de nuestra época, sino que nos ha acompañado a lo largo de nuestra historia. Tan solo mira estas imágenes. Todas ellas de distintas culturas, épocas y regiones de nuestro globo.
O toma como ejemplo alguno de los cuentos infantiles más conocidos. Por ejemplo, el de Hanzel y Gretel. En su versión original, los niños no se pierden accidentalmente en un bosque, sino que sus padres los abandonan al no poder alimentarlos. Luego, una bruja los secuestra y, para escapar, Gretel la debe empujar a un horno ardiente.
Estos ejemplos evidencian cómo la violencia ha sido parte de nuestras narrativas y de nuestra forma de entender el mundo. A lo largo de la historia, esta no solo ha existido, sino que ha sido representada y transmitida de generación en generación, muchas veces como algo inevitable o incluso justificable. Pero, si siempre ha estado presente, ¿qué nos dice la evidencia sobre su evolución?
Mira este gráfico. Este nos muestra la evolución del número de homicidios alrededor del mundo a partir del año 2000. Estos no solo parecen mantenerse, sino incluso aumentar ligeramente, alcanzando un total de 447 mil en el 2022.
Este otro gráfico muestra el número de muertes por conflictos armados en el mundo. Como ves, en estos últimos años estas se han incrementado por conflictos como el de Rusia y Ucrania.
Sin embargo, aunque estas cifras parecen desalentadoras, la realidad es que la cantidad de personas que mueren en conflictos armados o debido a crímenes violentos representa un porcentaje muy pequeño de la población mundial.
Observa este otro gráfico producido el 2019. A este tipo de gráficos se los llama treemaps o mapas de árbol y sirven para representar datos de forma jerárquica. En este caso, para representar qué tanto aporta una causa al número de muertes a nivel global. Si te fijas bien, la principal causa de muerte en el mundo son las enfermedades cardiovasculares, seguidas por el cáncer y otras enfermedades no transmisibles.
Las muertes violentas, como los homicidios, o aquellas ocurridas en conflictos armados, representaron menos del 1% del total de fallecimientos. Es probable que esta cifra haya aumentado en los últimos años debido a sucesos como la guerra en Ucrania y el conflicto en Gaza. Sin embargo, incluso sumando estas tragedias, el número de muertes sigue siendo pequeño en comparación con otras causas.
Por ejemplo, si bien aún no hay cifras oficiales y los conflictos aún continúan desde la producción de este video, se calcula que, en la guerra Ruso-ucraniana, han muerto un aproximado de 1 millón de personas desde el 2014. Por otro lado, se estima que en el conflicto de Gaza han fallecido hasta el momento unas 50 mil personas.
Esto parece mucho, pero no si lo comparamos con las principales causas de muerte en el mundo. Tan solo en el 2021, más de 19 millones de personas murieron a causa de enfermedades cardiovasculares y otras 10 millones por cáncer. Así, si bien estos conflictos pueden ser devastadores, su impacto es relativamente pequeño. La realidad es que hoy vivimos en el momento más pacífico de nuestra historia.
Hasta hace relativamente poco, las guerras eran más comunes. Sin embargo, estas han ido decreciendo con el tiempo. Mira este gráfico: desde 1900, el número de conflictos entre estados ha mostrado una clara tendencia a la baja. Aunque hubo picos de violencia en la primera mitad del siglo XX, en las últimas décadas hemos visto períodos en los que no ha habido enfrentamientos interestatales. Esto sugiere que, a pesar de la percepción de un mundo en crisis, los conflictos armados entre países son cada vez menos frecuentes.

No solo eso, sino que las guerras de hoy parecen ser mucho menos mortales que las de la Primera y Segunda Guerra Mundial. Este gráfico muestra la estimación de muertes por conflictos armados cada año entre 1800 y 1911. Como puedes ver, estos dos picos corresponden precisamente a las guerras mundiales. En la actualidad, los niveles de violencia bélica han disminuido significativamente. Pero, ¿qué ocurre con la violencia que no está directamente relacionada con las guerras?
Este mapa muestra la tasa de homicidios de cada país. Mientras más rojo sea un país, más grande será esta. Pero ¿qué significa realmente este número? En simple, la tasa de homicidios mide cuántas personas son asesinadas por cada 100,000 habitantes en un año. Es una forma de comparar qué tan segura o peligrosa es una sociedad y cómo ha cambiado con el tiempo.

Veamos un país en particular. En México, en el 2023, la tasa de homicidios fue de 29.6 por cada 100,000 habitantes. Esto significa que, por cada 100,000 personas, aproximadamente 30 fueron asesinadas en ese año. En contraste, en Estados Unidos, la tasa de homicidios en 2023 fue de 6.4 por cada 100,000 habitantes, lo que indica un nivel de violencia significativamente menor. Y ¿cómo se compara esto con el pasado?
Steven Pinker, cognitivista, psicólogo y profesor en la Universidad de Harvard, en su libro The Better Angels of Our Nature, nos dice que un estimado general de la tasa anual de muertes violentas en sociedades preestatales era de 524 por cada 100,000 habitantes. Algo bastante mayor a las tasas vistas hoy en día en los Estados modernos. Pero, ¿es esto verdad?
Este gráfico, elaborado por Our World in Data, un proyecto de la Universidad de Oxford, resume algunos estimados de la tasa de homicidios en diversas sociedades preestatales y lo que nos dice es que estas comunidades registraban niveles de violencia extremadamente altos. En algunos casos, como los Cahto, de California, o los Dani, de Nueva Guinea, las tasas de muertes violentas superan las 1,000 por cada 100,000 personas, cifras impensables en cualquier sociedad moderna.

Incluso en grupos con niveles relativamente más bajos de violencia, como los Yanomami de Brasil (290 por 100,000) o los Yurok de California (240 por 100,000), la letalidad era significativamente mayor que en la actualidad.
Según Pinker, si sumamos todas las muertes por guerras, genocidios, purgas y hambrunas provocadas por el ser humano en los siglos XX y XXI, la tasa no supera los 60 por cada 100,000 habitantes. No solo eso, sino que hoy, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, calcula que esta tasa, a nivel global, no supera los 5.8 homicidios por cada 100,000 habitantes. Esto sugiere que vivimos en una era considerablemente menos violenta que en el pasado.
Entonces, ¿por qué creemos que el mundo se está volviendo cada vez más violento? De acuerdo con psicólogos como Pinker, esto sucede por cómo está configurado nuestro cerebro. A este le es más fácil recordar que han sucedido conflictos violentos, como el de Gaza o el de Ucrania, pero no que acabaron otros en Sri Lanka, Chad o Angola en los últimos años. De hecho, los medios de comunicación juegan un papel importante en esta percepción.
Observa este gráfico. La primera columna nos muestra la realidad. Qué tanto representa cada causa de muerte con respecto al total en los Estados Unidos. La mayoría de estas fueron las enfermedades cardiovasculares, seguidas por el cáncer. Un patrón que también vemos a nivel global. Por otro lado, las muertes por terrorismo y homicidio solo representan una ínfima fracción del total. Es tan pequeña que debemos hacer zoom para poder verlas.
Ahora comparemos esto con las últimas dos columnas. Los medios, como The New York Times y The Guardian, le dieron una cobertura desproporcionada a homicidios y terrorismo, pese a su baja incidencia real. Mientras tanto, enfermedades como el cáncer y las cardíacas, que son las principales causas de muerte, recibieron muy poca atención. Este patrón no solo sucede en EEUU, sino en todo el mundo en general. Esta es la razón por la que creemos que el mundo cada vez es más violento.
Sin embargo, desde un punto de vista histórico, todos los países democráticos y libres exhiben la misma evolución: Inglaterra, España, Francia, Italia e incluso los países del área sudamericana. Estamos tan acostumbrados a la paz que titulares sobre violencia no solo nos impactan, sino que los recordamos más.
Así, hoy, la humanidad vive en condiciones que habrían sido impensables en el pasado. Somos más, vivimos más y morimos menos. Las guerras, que alguna vez fueron la norma, ahora son la excepción. Hemos aprendido que es más rentable negociar que pelear, que comerciar es más eficiente que conquistar, y que un aliado vale mucho más que un enemigo.
La caída en la proporción de muertes violentas ha sido enorme. Y aunque la paz absoluta quizá nunca sea posible, la tendencia es innegable: hoy hay más libertad y menos sufrimiento que en cualquier otro momento de la historia.



